Construir una vivienda en Mallorca te da una ventaja poco habitual: puedes definir el confort y el coste energético desde el primer día, evitando correcciones caras más adelante. Una bomba de calor para suelo radiante es una de las decisiones más coherentes en una obra nueva moderna, porque trabaja con temperaturas de impulsión bajas, ofrece un confort muy uniforme y encaja bien con los estándares actuales de construcción. El objetivo no es “calentar al máximo”, sino estabilidad, silencio y previsibilidad.
Aun así, Mallorca no es un caso estándar. Muchas viviendas nuevas se usan como segunda residencia, pasan semanas vacías y, aun así, deben mantenerse agradables sin que el sistema exija atención constante. Además, las estaciones intermedias traen noches frescas, más humedad y cambios de tiempo rápidos, y eso hace que el confort interior dependa más de la estabilidad que de los extremos. Por eso conviene tratar la bomba de calor para suelo radiante como una decisión de sistema: envolvente, diseño de circuitos, hidráulica, control y estrategia de ACS deben ir alineados.
Esta guía está pensada para ayudarte a centrarte en las pocas decisiones que realmente marcan la diferencia antes de comparar presupuestos. Encontrarás criterios de planificación y ejecución, errores típicos que aparecen tras la entrega y un marco para integrar fotovoltaica y control inteligente sin luchar contra la inercia natural del suelo radiante.
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Por qué las viviendas de obra nueva en Mallorca tienen necesidades distintas de confort y energía
Los inviernos en Mallorca son relativamente suaves y eso lleva a una conclusión peligrosa: “aquí la calefacción casi no importa”. En la práctica, los meses de entretiempo son los que más delatan si una casa está bien temperada. Por la noche puede enfriar más de lo previsto y por la mañana el suelo se percibe frío, aunque la temperatura exterior no sea extrema. En zonas de costa, el viento y la salinidad pueden aumentar la sensación de pérdida térmica en fachadas expuestas, y la humedad puede hacer que una vivienda se sienta más fría de lo que indican los grados.
Una bomba de calor para suelo radiante encaja muy bien con este perfil porque el suelo radiante trabaja con temperaturas de impulsión bajas, y precisamente ahí la bomba de calor ofrece sus mejores rendimientos. En lugar de diseñar para picos puntuales, se diseña para un funcionamiento continuo, suave y estable. En una obra nueva bien aislada, esto se traduce en un confort de fondo consistente, sin sensación de “empujar calor”.
También importa el patrón de uso. Muchos propietarios llegan por temporadas y dejan la vivienda desocupada durante semanas. En esos escenarios, el sistema debe tener un modo de ausencia: una ligera temperación para controlar humedad, sin derroche, y una recuperación controlada a la llegada, sin subidas agresivas. Con una bomba de calor para suelo radiante esto es viable si la hidráulica y la lógica de control están bien planteadas, porque el propio suelo actúa como almacenamiento térmico lento y predecible.
Por último, en obra nueva el confort anual suele incluir no solo calefacción, sino ACS y, a menudo, algún enfoque de refrigeración. Si lo contemplas desde el principio, la bomba de calor para suelo radiante puede integrarse en un concepto energético coherente, en vez de añadir soluciones aisladas más adelante.
Cómo una bomba de calor con suelo radiante se vuelve realmente eficiente en una obra nueva
La eficiencia se crea en el uso real, no en la ficha técnica. En obra nueva, tres factores suelen decidir si el resultado será excelente o simplemente correcto: dimensionamiento, temperaturas de sistema y comportamiento de funcionamiento. Si uno falla, el rendimiento estacional cae, aunque el equipo sea de alta gama.
Dimensionamiento: ni sobrada ni justa
En obra nueva es frecuente sobredimensionar “por si acaso”. Eso suele aumentar los arranques y paradas (ciclos cortos) y empeora la eficiencia en carga parcial, que es donde el sistema pasa la mayor parte del tiempo. Una bomba de calor para suelo radiante debería elegirse para cubrir la carga real y, sobre todo, para poder modular y trabajar durante periodos largos a baja potencia. El funcionamiento continuo y silencioso no es un extra: es un factor clave de rendimiento.
Quedarse corto también puede generar ineficiencia, pero de otra forma: se eleva la temperatura de impulsión “para asegurar confort”. Esa subida reduce el COP y a veces tapa problemas de fondo como un mal equilibrado hidráulico o una zonificación demasiado agresiva. Los mejores proyectos son los que permiten que la bomba de calor para suelo radiante opere en su rango eficiente porque el sistema de emisión y distribución está diseñado para ello.
Temperaturas de sistema: compromiso real con impulsiones bajas
El suelo radiante gana porque entrega confort con impulsiones más bajas que los radiadores. Si rompes esa lógica, pierdes la principal ventaja. Con una bomba de calor para suelo radiante, el objetivo de planificación es claro: mantener temperaturas de impulsión bajas en condiciones normales, no solo “en teoría”, sino con ocupación real y cambios de tiempo. Esto afecta a separaciones de tubo, longitudes de circuito y cómo se zonifica la vivienda.
Comportamiento de funcionamiento: estabilidad antes que reactividad
El máximo confort no viene de estar tocando parámetros. El suelo radiante tiene inercia térmica y eso es una ventaja si se diseña a su favor. Una bomba de calor para suelo radiante rinde mejor cuando aprovecha esa inercia: aportación suave y continua, pequeñas correcciones y una curva de calefacción orientada a estabilidad. En el día a día se traduce en menos oscilaciones, menos “sensación de ajuste” y picos eléctricos más bajos.

Hidráulica, recrecido y control: las tres palancas que lo cambian todo
Muchos “problemas de bomba de calor” no son del equipo, sino del circuito hidráulico y de la estrategia de control. La buena noticia es que la obra nueva te da la mejor oportunidad para dejarlo bien desde el inicio.
Hidráulica: el equilibrado es obligatorio, no opcional
Un suelo radiante tiene múltiples circuitos con longitudes y pérdidas distintas. Sin equilibrado hidráulico, algunos circuitos reciben demasiado caudal y otros demasiado poco. El resultado práctico es el típico: un espacio se sobrecalienta, otro va lento, los termostatos intervienen continuamente y la bomba de calor termina trabajando en condiciones inestables. En una bomba de calor para suelo radiante, esa inestabilidad sale cara porque aumenta los ciclos y empuja a subir impulsiones para “corregir” confort en zonas débiles.
Un equilibrado correcto permite bajar la curva porque ya no hay que compensar “habitaciones problemáticas”. Menos impulsión significa mejor eficiencia y un sistema más calmado. Si buscas un elemento que suele separar un resultado bueno de uno excelente, es este.
Recrecido y acabados: gestionar transmisión e inercia
Espesor de recrecido, aislamiento bajo tuberías, separación entre tubos y el acabado del suelo influyen en la respuesta y en la uniformidad. Separaciones grandes pueden generar bandas frías; espesores elevados aumentan la inercia. No es necesariamente malo, pero debe encajar con la filosofía de control.
Para una bomba de calor para suelo radiante, el requisito central es que la transmisión térmica sea suficiente para sostener impulsiones bajas. Mejor transmisión implica que necesitas menos temperatura para el mismo confort, y eso mejora el rendimiento estacional y reduce ciclos. También hace al sistema más “amable” en entretiempo.
Control: menos intervención, más previsibilidad
Un error común es tratar el suelo radiante como si fuera un sistema rápido. Grandes bajadas nocturnas, cambios constantes del setpoint o termostatos muy reactivos generan inestabilidad. Una bomba de calor para suelo radiante se beneficia de una estrategia simple: una base estable, una curva bien ajustada y cambios moderados y comprensibles.
Un ajuste mental útil: el suelo radiante eficiente rara vez es “suelo muy caliente”. Es confort sin zonas frías, con temperatura ambiente estable y un suelo agradable, no ardiente. Si apuntas a eso, el control se vuelve más sencillo y la eficiencia real mejora.
Elección del sistema y ejecución: unidad exterior, ruido, carga parcial, componentes
En Mallorca, los sistemas aire-agua suelen ser el estándar práctico por flexibilidad y por no requerir perforaciones o captación geotérmica. La clave es no reducir la decisión a “marca y modelo”, sino a un encaje entre concepto, arquitectura y uso.
Unidad exterior: el emplazamiento forma parte del diseño
El ruido suele ser más un problema de instalación que de máquina. Reflexiones en paredes, patios estrechos o cercanía a dormitorios aumentan la percepción. En obra nueva puedes elegir una ubicación con buena circulación de aire, acceso de mantenimiento y distancias razonables. Si el emplazamiento es correcto, una bomba de calor para suelo radiante queda acústicamente en segundo plano.
Carga parcial: el estado normal en obra nueva
La mayoría de obras nuevas tienen cargas térmicas bajas, por lo que el sistema opera casi siempre en carga parcial. Eso hace más importante la modulación y la estabilidad en carga parcial que la potencia pico. Por eso conviene evaluar una bomba de calor para suelo radiante por su comportamiento en carga parcial, datos de ruido y posibilidades de control, no solo por los kW máximos.
Componentes: lo más simple posible, lo necesario en complejidad
Depósitos de inercia, grupos de mezcla o bombas adicionales pueden ser útiles en ciertos esquemas, pero también añaden pérdidas y complejidad. El objetivo es una hidráulica clara y de baja pérdida que permita trabajar a baja temperatura con caudales estables. Una bomba de calor para suelo radiante rinde mejor cuando “ve” condiciones hidráulicas constantes: caudales coherentes, lógica de control clara y circuitos equilibrados.

Reducir el coste de uso: fotovoltaica, ACS y control inteligente
La combinación de fotovoltaica con bomba de calor es especialmente atractiva en Mallorca por la calidad de los recursos solares y por el potencial de autoconsumo. Lo crítico es evitar que el “control inteligente” se convierta en un sistema que lucha constantemente contra la inercia del suelo.
Con una bomba de calor para suelo radiante se pueden desplazar consumos sin empeorar el confort. El ACS es la palanca más clara: priorizar producción de agua caliente en horas de alta generación FV. También se puede aplicar un pretemplado suave al mediodía para atravesar tardes más frescas con menos consumo de red. El punto clave es fijar límites sensatos para no sobrecalentar, porque el suelo responde lentamente.
El ACS merece más atención de la habitual. Temperaturas demasiado altas o recirculaciones mal configuradas pueden reducir el rendimiento estacional. El enfoque es práctico: depósito acorde al uso real, temperaturas lo más bajas posible dentro de confort e higiene, programación por horarios reales, y recirculación como decisión consciente, no como valor por defecto.
La zonificación es otro punto donde “más” no siempre es mejor. Un control excesivamente reactivo por estancia abre y cierra circuitos continuamente y genera variaciones de carga. Una bomba de calor para suelo radiante funciona más estable si mantiene una base consistente y solo requiere intervenciones moderadas.
Con teletrabajo, esto se nota más: quien pasa horas en casa percibe antes el ruido y las oscilaciones. Una bomba de calor para suelo radiante bien afinada encaja muy bien en ese perfil: funcionamiento silencioso, estabilidad y menos distracciones.
Puesta en marcha y funcionamiento a largo plazo en la isla: evitar errores habituales
La puesta en marcha convierte una instalación “correcta” en un sistema que se siente bien. Muchas entregas se cierran cuando “todo enciende”. La pregunta real es si la curva de calefacción, los caudales y los horarios de ACS encajan con el uso real.
Las primeras semanas tras entrar a vivir cambian la realidad: mobiliario, ocupación, ganancias internas, hábitos de ducha y rutinas diarias. Por eso es razonable afinar la bomba de calor para suelo radiante tras la ocupación. Pequeños ajustes pueden tener gran impacto: bajar ligeramente la curva si las estancias se mantienen estables; alinear ACS con uso real; simplificar la lógica de termostatos para que el sistema no se “pelee” consigo mismo.
Errores típicos en operación:
- Impulsiones demasiado altas “por seguridad”, que elevan el consumo
- Grandes bajadas nocturnas, poco útiles en suelo radiante
- Demasiadas intervenciones manuales, que desestabilizan el control
- Equilibrado hidráulico incompleto o inexistente
- Mala ubicación de la unidad exterior con reflexiones acústicas evitables
El mantenimiento es asumible, pero en Mallorca importan las condiciones ambientales. Salinidad, polvo y vegetación pueden afectar a la unidad exterior y al flujo de aire. Mantener vías de aire libres, inspecciones visuales, revisión de filtros y presión, y cuidar la calidad del agua del circuito ayudan a que una bomba de calor para suelo radiante se mantenga eficiente y fiable con el paso de los años.

Refrigeración en obra nueva: expectativas realistas
La refrigeración es parte de la vida en Mallorca. Los veranos son largos y los acristalamientos grandes pueden generar ganancias solares altas. La clave es definir roles. El suelo radiante es, ante todo, un sistema de calefacción; enfriar por suelo tiene límites físicos porque la temperatura superficial no debe bajar tanto como para condensar humedad.
Una bomba de calor para suelo radiante puede apoyar una estrategia de refrigeración según diseño, pero el confort más eficaz suele venir de una temperación estable durante horas combinada con medidas pasivas: sombreamiento exterior, vidrio adecuado y estrategia de ventilación. En dormitorios o zonas concretas, un complemento puede ser razonable. En obra nueva es común un enfoque híbrido: base estable por superficies y apoyo donde realmente aporta valor. Lo importante es que los sistemas no compitan y que el control sea comprensible.
Lógica de costes: cómo comparar presupuestos
Los presupuestos de bombas de calor rara vez son comparables a primera vista porque los alcances cambian. Una metodología útil es separar el total en bloques: equipo, acumulación de ACS, colectores y bombas, control, instalación, medidas acústicas, puesta en marcha, documentación y explicación al usuario. Solo así se ve si una solución es limpia y eficiente o simplemente más compleja.
Un motor frecuente de coste no es la bomba en sí, sino la complejidad del sistema. Cuanto más clara sea la arquitectura, menos pérdidas y más fácil será optimizar después. Una bomba de calor para suelo radiante se beneficia directamente: impulsiones bajas alcanzables, funcionamiento más calmado y menos sensibilidad a cambios cotidianos.
Si habrá fotovoltaica, la integración debe reflejarse: esquema de medida, interfaces de control, prioridades (ACS vs. climatización) y si la gestión de cargas puede implementarse de forma limpia. Eso convierte dos tecnologías en un concepto energético, no en una suma de piezas.

Coordinación en fase de obra: interfaces que determinan la calidad
El resultado depende mucho de la coordinación entre oficios. Suelo radiante, recrecido, electricidad, fotovoltaica y elementos smart interactúan. Si no se coordinan, aparecen problemas típicos: recorridos poco convenientes, falta de sensores, responsabilidades difusas en el control o puestas en marcha demasiado tempranas antes de que el recrecido cure correctamente.
Trata la puesta en marcha como un proceso, no como una cita única. Las pruebas funcionales son importantes, pero la optimización tras la ocupación define confort y consumo. Ahí suele estar la mayor mejora sin cambiar hardware.
La documentación no es burocracia: planos de circuitos, valores de equilibrado, curva de calefacción, horarios de ACS y perfiles de ausencia evitan mal uso y protegen la estabilidad. A largo plazo, una buena documentación protege una bomba de calor para suelo radiante de ajustes bienintencionados pero contraproducentes.
Escenario práctico: cómo se comporta el sistema en el día a día
Imagina un día típico de invierno: 8–10 °C por la mañana, sol al mediodía, y por la tarde vuelve a refrescar. En una obra nueva bien diseñada, el sistema no “lucha contra el frío”: estabiliza la vivienda. Una bomba de calor para suelo radiante suele trabajar periodos largos a baja potencia. El suelo no se siente caliente, pero sí agradable, y la temperatura interior apenas deriva.
Si hay FV durante el día, el control puede priorizar ACS y un pretemplado suave. Eso aumenta el autoconsumo sin provocar sobrecalentamiento posterior, siempre que se respeten límites y la inercia del suelo. En estos escenarios se ve el beneficio práctico: una bomba de calor para suelo radiante da confort sin exigir intervención constante.
Una buena señal es que haya pocos arranques y que la impulsión cambie de forma suave. En cambio, termostatos cerrando continuamente, caudales cayendo y reinicios frecuentes suelen apuntar a equilibrado o control, no a falta de “tecnología”. En obra nueva, casi siempre se puede corregir.

Checklist para propietarios y arquitectos
Planificación y dimensionamiento
- Cálculo de carga como base para dimensionado y diseño de circuitos
- Objetivo: impulsiones bajas, tiempos largos de funcionamiento, modulación
- Perfil de ACS definido desde el inicio (ocupación, invitados, recirculación, volumen)
- Zonificación realista, respetando la inercia del suelo
Suelo radiante y composición
- Separación de tubos y longitudes de circuito acordes a uso y acabados
- Recrecido diseñado para transferencia térmica y tiempo de respuesta
- Equilibrado hidráulico completado y documentado
Bomba de calor y ejecución
- Carga parcial y datos acústicos como criterios principales de selección
- Ubicación de unidad exterior planificada por aire, acceso y ruido
- Hidráulica clara, con pocas pérdidas y controlable
Operación y optimización
- Curva ajustada a estabilidad; evitar saltos grandes de setpoint
- Estrategia de ACS optimizada a uso real
- Integración FV por reglas claras, no por intervención constante
Una bomba de calor para suelo radiante en obra nueva en Mallorca es especialmente convincente cuando se planifica como un sistema completo. Confort, eficiencia y silencio no vienen de “más tecnología”, sino de acertar en pocas decisiones esenciales y dejar que el sistema trabaje de forma predecible en segundo plano.